El pasado enero se realizó la 35° edición de la Fiesta Nacional del Chamamé con el lema que se menciona en el título de este artículo: Chamamé, Refugio de nuestra Identidad. Es a partir de allí que una, como cantora chamamecera y trabajadora de y por la cultura, se empieza a preguntar si tal afirmación tiene realmente sentido. Desandando ese camino observé con detenimiento la grilla de cada noche de la Fiesta Mayor del género que nos convoca y es desde ese lugar que invito a realizar el siguiente análisis: ¿Cuántos conjuntos con trayectoria de más de diez años han participado? Vale aclarar que me refiero a “trayectoria” teniendo en cuenta la permanencia de la conformación, el desarrollo de actividades similares durante el año, la publicación o edición de obras bajo la misma formación, cómo se ha sostenido el proyecto a través del tiempo. En el mismo sentido, ¿cuántas agrupaciones, dúos, tríos o artistas solistas de veinte, treinta, cuarenta o más años de itinerario chamamecero pudimos disfrutar? Ni hablar de composición o autoría de obras, porque allí nos quedaríamos casi sin artífices. Hemos sido testigos de la presencia de músicos, colegas de increíble talento, que han acompañado a tres, cuatro, cinco o más solistas. Agrupaciones que un día subieron como trío con un seudónimo, al siguiente como dúo cambiando algún integrante y posteriormente como conjunto con otro nombre. Artistas que han cantado, bailado, conducido y más durante el desarrollo de cada noche. Como si sumar días y espacios participando dieran “un plus” o se midiera quién es “más chamamecero”. Una especie de “CHAMAMESÓMETRO” para las nuevas generaciones. La contracara de dicha situación fue que algunos grupos con muchos años de escenarios recorridos tuvieron solamente quince minutos para desarrollar su propuesta y en vez de cuidarlos, se los vio correr contra reloj para intentar salir airosos de tan frustrante experiencia. Entonces, viene indefectiblemente la pregunta: ¿saben los responsables de esta Fiesta qué están haciendo? ¿Lo saben los “nuevos asesores” de los noveles encargados? ¿Han tenido la humildad de consultar a quienes participaron, y me incluyo con mucho orgullo, en ediciones de varios años atrás, cuando las redes no eran imprescindibles y cuando la música le ganaba al ruido?
Recorre los muros de las redes sociales la imagen del “afiche” de la Primera Fiesta Nacional del Chamamé (realizada en el Club Regatas, en el mes de septiembre, promediando la década del ochenta). Muchos de los cultores que figuran allí fueron rechazados o corridos del escenario luego de una mínima participación. Triste realidad. Si bien es cierto que siempre en este tipo de eventos hay una tensión entre la tradición y la modernización, con debates sobre la “pureza” y la inclusión de artistas de otras corrientes musicales, de qué instrumentos sí y cuáles no, el foco debería estar en lo que se concibe como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y también en aquellos que han hecho posible que lleguemos a esta instancia tan dignamente. No entraré en el detalle de si es o no necesario contratar artistas de otros géneros musicales independientemente del costo que cada uno requiera para desarrollar su actividad, tampoco me extenderé en esta oportunidad refiriéndome al “premio consagración” de la Fiesta o qué hace el Ballet Oficial en cada intervención porque en realidad creo que el problema es más de fondo. Sería muy interesante, tal vez, salir del “pan y circo”, comenzar a rescatar la música y la palabra, nuestra danza-rezo, valorar seriamente los proyectos y propuestas de los artistas, con la participación de asesores o curadores que sepan de qué se trata, intentar llegar al público desde la sensibilidad y el buen sonido y no desde las “órdenes o arengas” que hemos visto cada noche (al grito de “sapukai”, encendemos los celulares, palmas, palmas y otras expresiones). Como diría el Paí Julián “Es tiempo, sí, ya es hora”. Porque sin dudas estamos poniendo en riesgo aquello que llamamos Refugio de nuestra Identidad. Y cuidado con el lema de la 36° edición “Antorcha de una herencia”, no sea que la antorcha se nos caiga y termine quemando nuestro patrimonio, tirando por tierra todo el trabajo realizado por generaciones.
Para ir cerrando esta lectura dejo versos del chamamé “El mal pensado”, Letra de José Luis Báez y Música de Rafa Flores, que nos dice:
Qué me dice usted señora, no sé si escuchó en la Fiesta
Chamamé con gusto a cumbia mezclado con chacarera.
Leo Dan y Marco Antonio son nuestros nuevos poetas
cualquier temita de moda va a parar al dos hileras…
Me disculpa Doña Mirta, la tengo que ir dejando
capaz que tenga razón y yo sea el mal pensado.
Mejor creer que se puede cambiar el mundo soñando
de eso se trata al fin, de hablarle al pueblo cantando.
No sea pues mal pensado es que usted no se da cuenta
las cosas son como son y es mejor que así sea.
Si usted prefiere soñar pierda el tiempo como quiera
siga con la guitarrita ya verá a dónde llega…
