La ciudad de Corrientes, fundada por el Adelantado don Juan Torres de Vera y Aragón en 1588, fue parte integral de las colonias españolas. Tuvo el privilegio de haber sido la segunda ciudad fundada por la máxima autoridad enviada por los reyes desde la metrópoli. Buenos Aires fue la primera, en 1536, antes de la creación del Virreinato del Río de la Plata. El lugar designado para erigir la población respondió a la política de conquista y colonización llevada adelante por los españoles en su permanente competencia con la otra corona ibérica existente en el continente: los portugueses. De allí la extensión de sus límites que, según la carta fundacional, llegaba inclusive hasta los actuales estados de Santa Catarina, Río Grande del Sur, el sur del Paraná en el Brasil, noroeste de la República Oriental del Uruguay, toda la provincia de Misiones, norte de Entre Ríos, una franja costera de las provincias de Santa Fe y del actual Chaco.
En esta primera parte del presente artículo me referiré a la Policía como institución que a lo largo del tiempo evolucionó conforme a las demandas de la sociedad. Cabe aclarar que ese proceso fue el resultante de una ciencia con raíces en el pasado de la humanidad. Desde los primeros humanos, organizados en la prehistoria como grupos nómades, se requirieron medidas de seguridad que garantizaran la supervivencia de los mismos ante la agresión de otros a los que se consideraba “rivales”. En este sentido, y una vez que el ser humano se volvió sedentario y nacieron las urbes, quienes debieron proteger a los habitantes también tuvieron que adecuarse a la nueva realidad. Estos buscaron distinguirse de los que conformarían los grupos de lucha con otros poblados o villas (convertidos, luego, en imperios y en reinos durante los diferentes momentos históricos de la sociedad).
La policía fue el resultado de una larga tradición que tuvo sus antecedentes más remotos en la Grecia clásica. En esta surgió un concepto como el de politeia, identificado con “el orden o concierto existente entre los habitantes de la polis”, en un momento en el que tanto la Ciudad como el Estado representaban y ocupaban un mismo ámbito territorial y político. Durante la Baja Edad Media y en el contexto de un nuevo auge de lo urbano, la policía aparece como concepto político y ciudadano que recupera esa idea de politeia, aunque sin la identificación de Ciudad y Estado como dos estructuras asociadas. Este hecho motivó la formación de un doble ámbito de actuación. Como consecuencia de ello, durante el Antiguo Régimen y en el contexto de la gestación de los estados modernos europeos, la policía continuó ampliando su campo de acción, con el objetivo de trasladar “la preservación del buen orden ciudadano” al conjunto de un reino.
En relación al ámbito de lo urbano y como consecuencia del crecimiento de las ciudades, a inicios del siglo XVII se observa una tendencia al control de la población y del territorio que se prolongaría hasta los albores del siglo XVIII. Se buscaron nuevos procedimientos para asegurar el orden y velar por el mantenimiento del progreso económico que acompañaba el incremento demográfico. De esta forma, los principales centros urbanos se convirtieron en “verdaderos laboratorios para las medidas represivas y preventivas, que se articulan en torno a la policía como manifestación urbana de la autoridad”. Al mismo tiempo, se fueron incorporando diferentes materias consideradas como propias del Estado absoluto (Justicia, Hacienda, Guerra o Paz). Gracias al grupo de disciplinas políticas, conocidas con el nombre de Cameralismo y originadas principalmente al amparo de los consejos o cámaras reales de monarquías centroeuropeas (su finalidad fue fundamentar el gobierno del Estado absoluto), la policía se elevaría al grado de ciencia. Surgieron, así, tratados que fueron ampliamente difundidos y se convirtieron en una destacada fuente de inspiración: fue el caso de los tratados del francés Nicolás Delamare (1705) o el del alemán Johannes Heinrich Gottlob von Justi (1758).
La superposición de diferentes niveles discursivos y la mayor sistematización y pluralidad de competencias adquiridas por la policía durante el siglo XVIII hizo que dentro de ella se combinaran propuestas de índole general con otras más específicas. Así lo destacó Pedro Fraile cuando se refirió al hecho de que la ciencia de la policía adquirió su significado en el marco político del despotismo ilustrado y del auge del mercantilismo. Fue ese un contexto de inversión pública, creación de infraestructura y de preocupación por la ordenación del territorio y la configuración urbana. Como ejemplo de propuestas específicas, el autor mencionó aquellas relativas a cuestiones de higiene, empedrado de calles o a la localización de mataderos. En este sentido, también afirmó que “la grandeza de la policía” radicó en el hecho de que se trató de “un pensamiento coherente sobre lo pequeño, sobre lo aparentemente trivial”, que a la vez encerraba “algunos elementos básicos que permitieron el cambio en las estrategias de dominación que caracterizó las transformaciones políticas del final del siglo XVIII”.
Autor: Lic. Víctor Hugo Cóseres
Fuente Bibliográfica
ANGUITA CANTERO, Ricardo. Ordenanza y policía urbana: los orígenes de la reglamentación edificatoria en España (1750-1900). Granada: Universidad de Granada y Junta de Andalucía, 1997.
SÁNCHEZ RAYGADA, Carlos Hugo. Monarquía administrativa y ciencia de la policía. Revista de Derecho, Piura, v. 11, n. 1, p. 225–243, 2019.
MARTÍNEZ BARA, José Antonio. Problemas de policía urbana madrileña en el pasado. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, Madrid, n. 6, p. 375-385, 1970.
JORI, Gerard. Población, política sanitaria e higiene pública en la España del siglo XVIII. Revista de Geografía Norte Grande, Santiago, n. 54, p. 129-153, 2013.

