El presente artículo busca exponer algunas consideraciones acerca del concepto de memoria colectiva y derivaciones del mismo orientadas a reflexionar, particularmente, sobre sus implicancias actuales en relación al “Día Internacional de la Mujer”, al “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia” y al “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas”.

Cuando pensamos en la memoria, solemos asociarla simplemente con la capacidad de recordar hechos del pasado. Sin embargo, desde la psicología y las neurociencias, la memoria es vista como un proceso mucho más complejo y fundamental para la vida cotidiana.

Según Ferreres, la memoria puede entenderse como el conjunto de mecanismos que nos permiten incorporar información, guardarla y utilizarla cuando la necesitamos (Ferreres, 2014). Gracias a ella podemos aprender, tomar decisiones, construir nuestra identidad y adaptarnos al entorno. Sin memoria, no sólo olvidaríamos lo que hicimos ayer, sino que tampoco podríamos desarrollar habilidades, reconocer personas o incluso sostener la idea de quiénes somos.

Hoy se sabe que la memoria no es una única capacidad, sino que está formada por distintos sistemas. Por ejemplo, existe una memoria que nos permite recordar experiencias personales —como un cumpleaños o un viaje— y otra que almacena conocimientos generales, como el significado de las palabras. También, existe una memoria más “automática”, que interviene cuando aprendemos habilidades, como andar en bicicleta, y que funciona sin que seamos plenamente conscientes de ello. 

Además, se considera que la memoria no es un archivo estático: cada vez que recordamos algo, ese recuerdo puede modificarse. Es, por lo tanto, un proceso activo en constante reconstrucción.

En este sentido, la memoria no solo nos conecta con el pasado, sino que también nos permite proyectarnos hacia el futuro. Es, en definitiva, una de las funciones centrales que hacen posible la experiencia humana.

Ahora bien, para aproximarnos a concepciones acerca de la memoria colectiva, recurriremos a un breve análisis de los grandes sucesos políticos del siglo XX, período histórico en el que se sitúan los acontecimientos que dan marco a este artículo. 

Luego de la aparición y expansión global del Estado-nación, observamos que gran parte del mundo – al menos de la región occidental-, pujará entre dos grandes sistemas políticos: el Estado de derecho, que considera a la pluralidad y diversidad propia de la especie humana, basado en principios fundamentales como la dignidad, la libertad y la igualdad ante la ley, por un lado; y los totalitarismos, por otro. Estos últimos, en palabras de Arendt, “representan un régimen sin precedentes con una novedad radical, que se plasma en un nuevo tipo de gobierno y en algo inédito hasta el momento: tener como objetivo transformar la irreductible pluralidad humana en un sólo hombre, es decir, reducir esa diversidad ilimitada, con sus acciones impredecibles y espontáneas, a un único espécimen, controlable en sus acciones y reacciones” (Muñoz, 2015). Pero, además, los totalitarismos, a partir de sus dispositivos (unipartidismo, monopolio de la comunicación, ideología oficial omnipresente, policía secreta), buscan aplacar cualquier manifestación de multiplicidad a través del terror. Siguiendo la línea de Arendt, este terror adquiere también características particulares: se mantiene en movimiento permanente, ya que no se detiene en el tiempo ni finaliza cuando el régimen ha alcanzado el poder, por lo que no sería conveniente pensarlo mediante cálculos de utilidad; y está dentro de la ley, siendo ésta misma vehículo y expresión de la violencia.  Se trata, entonces, de un sistema que tiene por finalidad única la aniquilación de la diversidad y la transformación de la naturaleza humana bajo las máximas de “todo es posible” y el “terror total”.

Con todo esto, debemos recordar que tal ideología logró introducirse también con suma sutileza en gran parte de la población, al punto que, por ejemplo, al analizar el gobierno de facto argentino del período 1976-1983, debemos comenzar hablando de un golpe de estado cívico-militar. No obstante, es posible aún hoy observar cierta reminiscencia de discursos totalitaristas que dan cuenta de su vigencia en la actualidad. Para reflexionar sobre ello, acudiremos a algunos conceptos sobre la reproducción discursiva e ideológica tomados de la sociología de la cultura.

Según Raymond Williams, “puede decirse que es inherente al concepto de una cultura su capacidad para ser reproducida y, más aún, que en muchos de sus rasgos la cultura es realmente un modo de reproducción” (Williams; 1994). Esto se debe a una serie de características: el movimiento desde una manifestación cultural situada en el tiempo a otra; que se trate de un concepto negociable, ya que sus proposiciones pueden ser rápidamente sometidas a pruebas irrefutables; y su adecuación general a ciertas cualidades observadas del proceso cultural.  Es decir, que al hablar de “una cultura”, debemos considerar que se trata de un proceso de selección y organización, de pasado y presente, que aporta sus propios tipos de continuidad. 

En este sentido, podemos vislumbrar la necesidad de participar de la “negociación” de significantes culturales, a modo de soberanía ante imposiciones que vayan en contra de nuestra dignidad. Es el caso, por ejemplo, de las luchas que dan origen a los debates y logros sobre la igualdad ante la ley de las mujeres, o la manera en que la sociedad interpreta las atrocidades del terrorismo de estado y la guerra. Si, por el contrario, vivimos en una posición pasiva, corremos el riesgo de identificarnos con supuestos cuyo único fin es la perpetuación del poder y que, además, atentan contra la humanidad de gran parte de la población bajo discursos que interpretan a la reflexión sobre el pasado como obstáculos para pensar el futuro. 

En conclusión, consideramos pertinente atender a la perspectiva freudiana que pregona que “mientras menos sepa uno sobre el pasado y el presente, tanto más incierto será el juicio que pronuncie sobre el porvenir” (Freud; 1927). 

Referencias

Ferreres, A. (2014). Módulo I: Temas de neurociencias. Cátedra I de Neurofisiología, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

Muñoz, C. (2015). Arendt: La política en tiempos oscuros. Buenos Aires: Bonalletra Alcompás.

Williams, R. (1994). Sociología de la cultura. Barcelona: Paidós.

Freud, S. (1927/2006). El porvenir de una ilusión. Buenos Aires: Amorrortu.

Autor: Prof. Matías Franco