¿Quién soy cuando amo? En uno de sus poemas Pablo Neruda dice “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Esta frase tan utilizada por las parejas puede encerrar varios significados; entre ellos la manifestación de la potencia transformadora del amor o la expresión de que algo se ha roto. En ambos casos subyace la idea de que el amor transforma. ¿Qué de mí se transforma cuando amo? Pensar el amor no solo es conceptualizarlo – ya muchos filósofos y psicólogos lo han hecho-, sino que es una invitación a revisar nuestras relaciones y, específicamente, a observarnos y pensarnos en ella. En primer lugar, retomando ideas de algunos autores, presentare una acotada definición personal del amor de pareja; en segundo lugar, compartiré algunas reflexiones sobre cómo el counseling o consultoría psicológica, puede acompañar la comprensión de este vínculo con otro y con uno mismo.
Comenzaré caracterizando al amor de pareja como el vínculo que surge del encuentro de dos personas. Esta definición, aparentemente simple y naturalizada, encierra tres ideas que considero claves: vínculo, encuentro y subjetividades. En primer lugar, el vínculo como la relación emocional o lazo que une a dos personas. Este requiere de tiempo actitudes y acciones para construirse, fortalecerse o debilitarse. El psicoanalista Erich Fromm define al amor como un arte lo que significa que no solo es una sensación placentera, sino que, como todo arte, demanda conocimiento y esfuerzo. En este sentido el amor es una acción, una actividad activa que se aprende y práctica. Para ello, parafraseando al autor, es menester desarrollar cuatro actitudes interdependientes: 1) el cuidado; preocupación por la vida y el crecimiento del ser amado; 2) la responsabilidad como disposición para responder a las necesidades físicas y emocionales de un otro, 3) el respeto, que es la capacidad de ver y aceptar al otro tal cual es y 4) el conocimiento que guía a las actitudes anteriores dado que implica saber quién y cómo es el otro. En segundo lugar, está el encuentro que, en realidad, es lo primero dada que -como afirma el filósofo Alain Badoiu- es un acontecimiento impredecible, azaroso que inaugura lo que para él es la escena de lo Dos. En tercer lugar, la subjetividad que constituye el particular modo de habitar el mundo y de actuar en él resultado de las relaciones con otros (padres, cuidadores, amigos, docentes, etc.), de lo vivido, aprendido, silenciado, reprimido. En la escena de lo Dos los amantes (con sus singularidades) deciden sostenerse en sus diferencias sin anularse ni fusionarse. Para el filósofo en este nuevo espacio, de construcción permanente, las personas ven el mundo no desde su perspectiva sino desde la diferencia. Tanto el vínculo como el encuentro implican una apertura, una disposición a la nuevo y desconocido para co-crear la escenay compartir miradas.
No obstante, la realidad muestra que la vida en pareja es compleja, que no siempre las actitudes están presentes, ni que las miradas son compartidas. En muchas parejas hay silencios que suponen u ocultan emociones; hay imposición de decisiones, ideas, modos de ser; hay satisfacción de necesidades propias; hay energía solo para los proyectos personales y no para los compartidos (si es que existen), hay desacuerdos que terminan en conflictos. Como en todo arte, el amor requiere esfuerzo, dedicación, tiempo y energía para reafirmar la decisión de estar/permanecer en la relación. Por todo lo dicho es fundamental detenernos a pensar en y desde el amor. ¿Qué significa esto? Por un lado, pensarnos en el amor implica observase dentro de la relación amorosa y, con una actitud introspectiva, intentar responder la pregunta inicial y otras tantas tales como: ¿Qué partes de mí se potencian y que partes se silencian? ¿Puedo ser yo o mi singularidad se anula en el encuentro? Por otro lado, pensarnos desde el amor supone partir de él para comprenderse y reflexionar sobre la propia historia, los modos de estar con otros, las elecciones, etc. Muchas personas llegan a la consulta a partir de una crisis de pareja, una ruptura o conflicto. Y son estas situaciones las que lo motivan a comenzar un trabajo de desarrollo personal. El Counseling o Consultoría Psicológica como espacio de ayuda profesional acompaña a las personas en estos procesos (de crisis, separaciones, autoconocimiento) facilitando el crecimiento y desarrollo personal desde la escucha empática. Esta ayuda brinda al consultante un espacio donde puede sentirse seguro y comprendido para poder expresar todo lo que desea, siente, piensa, vive y percibe sintiéndose aceptado, validado, escuchado. Carl Rogers, quien desarrolla este modelo de ayuda, sostiene que cuando una persona se siente comprendido puede comenzar a comprenderse a sí misma. Es decir, en esa relación de ayuda, el consultante puede escucharse, percibir mejor sus sentimientos, comprender sus problemas y encontrar sus propios recursos para afrontar la vida. En conclusión, pensarnos en y desde el amor es una invitación a reconocernos como sujetos atravesados por el vínculo, capaces de mirarnos a nosotros mismos en la experiencia amorosa y de comprendernos a partir de lo que el encuentro con otro despierta y transforma.
Bibliografía:
Rogers, C. (2000) El proceso de convertirse en persona. Mi técnica terapéutica. Paidós,
Fromm, E. (1956) El arte de amar. Paidós
Badiou, A. y Truong, N. (2009) Elogio del amor. Editorial Ariel

