Theriantropía digital: entre la burla mediática y el desafío de comprender

En los últimos meses, la theriantropía digital —la identificación subjetiva con animales no humanos expresada y performada en redes sociales— dejó de ser un fenómeno circunscripto a nichos virtuales para convertirse en objeto de exposición masiva. Videos de adolescentes con colas articuladas, máscaras de lobo o discursos sobre «despertares de especie» circulan en plataformas como TikTok y son rápidamente replicados por cuentas de entretenimiento, programas televisivos y portales de noticias.

El tratamiento dominante ha oscilado entre dos registros previsibles: la burla y el alarmismo. En el primer caso, la theriantropía aparece como material para compilaciones de «cringe», donde el foco no está en comprender sino en provocar risa o vergüenza ajena. En el segundo, se la presenta como síntoma de una supuesta decadencia generacional o como evidencia de un colapso cultural más amplio. Ambos enfoques comparten un rasgo: la simplificación.

UN FENÓMENO QUE EXIGE CONTEXTO

La identificación humano-animal no es una excentricidad surgida de la nada. Desde las Metamorfosis de Ovidio hasta los relatos chamánicos estudiados por la antropología contemporánea, la frontera entre lo humano y lo animal ha sido objeto de imaginación, ritual y reflexión. Autores como Philippe Descola y Eduardo Viveiros de Castro han mostrado que la separación tajante entre naturaleza y cultura es una construcción histórica específica de Occidente, no una constante universal.

Lo novedoso no es, por tanto, la fantasía de metamorfosis, sino su inscripción en la cultura algorítmica. La theriantropía actual se expresa en entornos diseñados para maximizar visibilidad y reacción. Esto modifica la experiencia subjetiva y amplifica sus aspectos más llamativos. El algoritmo no es un simple canal: selecciona, ordena y premia determinados formatos, favoreciendo aquello que genera impacto inmediato.

Reducir el fenómeno a «una moda absurda» equivale a ignorar estas condiciones estructurales. Pero convertirlo en amenaza civilizatoria tampoco contribuye a su comprensión.

ENTRE EXPLORACIÓN IDENTITARIA Y MALESTAR

Desde la psicología del desarrollo, la adolescencia es reconocida como etapa de exploración identitaria. Probar pertenencias, adoptar estéticas, ensayar narrativas del yo forma parte del proceso de construcción subjetiva. En muchos casos, la identificación con animales funciona como metáfora expresiva o como recurso lúdico.

Esto no impide reconocer que existen situaciones donde la práctica puede coexistir con malestar significativo. El punto central es metodológico: no corresponde emitir diagnósticos colectivos a partir de fragmentos virales. La evaluación debe ser individual, contextual y basada en criterios clínicos claros, no en impresiones mediáticas.

La analogía con otros fenómenos históricamente estigmatizados resulta ilustrativa. El concepto de «pánico moral», desarrollado por Stanley Cohen, describe cómo ciertos grupos son convertidos en «demonios populares» mediante procesos de amplificación y distorsión. La theriantropía digital parece atravesar una dinámica semejante: episodios aislados son elevados a categoría de amenaza general.

RESPONSABILIDAD PERIODÍSTICA

El periodismo tiene la obligación de evitar tanto la trivialización como el sensacionalismo. Informar no es ridiculizar. Tampoco es amplificar sin matices. Un abordaje serio debería distinguir entre prácticas lúdicas, exploraciones identitarias transitorias y situaciones donde existen indicadores de sufrimiento real.

Asimismo, corresponde incorporar voces diversas: protagonistas, investigadores y profesionales que hayan estudiado el fenómeno con rigor. La simplificación puede generar consecuencias concretas: estigmatización escolar, aislamiento social, radicalización defensiva.

La historia reciente ofrece ejemplos de cómo la exposición mediática acrítica contribuyó a reforzar prejuicios en lugar de promover comprensión. En entornos digitales, donde la viralidad acelera procesos de etiquetamiento, el impacto es aún mayor.

UNA PREGUNTA SOBRE NUESTRO TIEMPO

Más allá de las anécdotas visuales, la theriantropía digital plantea interrogantes sobre identidad, pertenencia y tecnología. ¿Qué significa construir el yo en plataformas gobernadas por métricas? ¿Qué tipo de comunidad emerge cuando la validación depende de algoritmos? ¿Cómo se negocian hoy las fronteras entre cuerpo, representación y ficción?

Responder estas preguntas requiere abandonar la risa fácil y el diagnóstico apresurado. Exige análisis interdisciplinario, datos empíricos y una disposición a comprender antes de juzgar.

Tratar el fenómeno con seriedad no implica celebrarlo ni condenarlo de antemano. Implica reconocer que, detrás de cada máscara viralizada, hay sujetos concretos atravesando procesos reales. Y que la calidad de nuestra respuesta pública —como sociedad y como sistema mediático— dice tanto de nosotros como aquello que pretendemos examinar.

Autor: Marcos Damián González

González, M. D. (2026). Theriantropía digital y cultura mediática [Imagen generada con DALL·E, OpenAI].