La literatura como territorio de lucha para las mujeres: leer, dialogar, transformar.

El 8 de marzo es una conmemoración sagrada. Es la confluencia de todas las luchas que las mujeres libramos cotidianamente desde nuestra existencia hasta hoy: las que nos precedieron, las que perdieron su vida buscando la igualdad de condiciones laborales, las que desde su lugar luchan por sus convicciones y levantan su voz clamando por sus derechos. A ellas las honro este día. Y en ellas a mi madre, Marcelina, a mi hermana Antonella, a mis sobrinas, a mis cuñadas, a mis amigas, a mis colegas docentes y a todas las mujeres que invierten un poco de su tiempo en leer(nos).

Este texto lo escribí hace muchos años, cuando recién me animaba a tomar la palabra y a hacerla pública. Y en esta fecha tan significativa para nosotras, lo comparto. Es una adaptación para la revista y le agregué referencias que se ajustan a los tiempos que transitamos. Agradezco a Arandu Ediciones y a la Fundación Ágora por ofrecerme este espacio para que yo también exprese mis ideas.

En mi afán de explorar las herramientas que ofrecen las IA, diseñé la imagen que acompaña a mi texto. Pienso que representa mucho de lo que expreso a continuación.

Cordialmente, Silvana

A nuestras Lectoras

Saludar a nuestras lectoras es, en ese sentido, reconocer una historia: la de las mujeres que han leído, escrito y pensado incluso cuando esas prácticas no les estaban plenamente destinadas (ni permitidas). 

La cultura escrita nunca ha sido un territorio neutral. El acceso a la palabra pública —a la posibilidad de intervenir en la conversación social— estuvo históricamente atravesado por jerarquías, exclusiones y disputas. Sin embargo, la historia de la literatura muestra que las mujeres no permanecieron en silencio. Escribieron desde lugares diversos, con estrategias discursivas múltiples, muchas veces interrogando los mismos marcos culturales que pretendían definirlas (un caso contundente es el de Juana Inés de la Cruz durante el siglo XVII).

En la tradición argentina, algunas voces resultan especialmente significativas. Cuando Alfonsina Storni escribe poemas como Hombre pequeñito  o Tú me quieres blanca, no sólo despliega una sensibilidad lírica particular: introduce una crítica explícita a los mandatos morales que pesan sobre las mujeres y expone, además, la desigualdad implícita en ciertos modelos de feminidad. Como dice uno de los poemas: “Tú me quieres blanca, / Dios te lo perdone”. En esa enunciación breve se condensa, en forma de ironía, el cuestionamiento a la moral desigual que históricamente ha regulado la vida de la mujer. 

Algo similar puede observarse en las intervenciones ensayísticas de Victoria Ocampo, quien insistió en la necesidad de que las mujeres participaran activamente en la vida intelectual y cultural. Sus textos no sólo ampliaron el horizonte de esa participación, sino que también pusieron en evidencia las tensiones entre tradición, educación y autonomía que atravesaban a las mujeres de su época.

Desde una perspectiva teórica, estas escrituras pueden pensarse en relación con lo que Mijaíl Bajtín denomina el carácter dialógico del discurso. Ninguna palabra existe en aislamiento: toda enunciación se produce en diálogo con otras voces, con otros discursos que la preceden o la interpelan. En ese entramado, la literatura aparece como un espacio privilegiado donde las distintas voces sociales se confrontan y se reconfiguran.

La noción bajtiniana de polifonía permite, por otro lado, comprender cómo en la literatura conviven múltiples perspectivas y posiciones ideológicas. En poemas como los de Juana Inés, los de Storni o en los ensayos de Ocampo, esa multiplicidad de voces deja ver no sólo la experiencia individual de quien escribe, sino también las tensiones culturales de una época. En este marco, lo que Bajtín denomina ideologema —la unidad mínima donde se condensan sentidos sociales e ideológicos— permite advertir cómo ciertas representaciones sobre las mujeres circulan en los discursos culturales y se naturalizan. Muchas de las escrituras producidas por mujeres a lo largo del tiempo pueden leerse, precisamente, como intentos de cuestionar estos ideologemas y de proponer otros modos de narrar la experiencia femenina.

Leer es interpretar el mundo desde una experiencia histórica y cultural determinada. En ese gesto se abre la posibilidad de construir una comunidad de lectura que no sólo recibe textos, sino que también los discute, los resignifica y los prolonga. Por eso, en el Día Internacional de la Mujer resaltamos la importancia de tomar la palabra y hacerla pública defendiendo las convicciones o clamando por derechos vulnerados. En una época en la que las guerras toman la vida de las niñas, sobre todo, desde este espacio convocamos a levantar la voz contra el despotismo, el engaño y la censura implícita que atraviesa a los medios de comunicación masivos cuando las mujeres adoptan un posicionamiento combativo desde lo discursivo.

En síntesis, este saludo quiere ser, entonces, una invitación: a leer con curiosidad y con atención crítica, a reconocer en esta revista digital una instancia más de ese diálogo cultural necesario y urgente al que los ciudadanos estamos llamados, a recurrir a la literatura y al pensamiento crítico de los textos que publicamos. Porque si algo nos enseña la historia de la escritura es que ninguna voz se sostiene sola. Toda palabra forma parte de un entramado de discursos que la preceden y la acompañan. Y en ese entramado, los/as lectores/as son esenciales. Que esta revista pueda convertirse en uno de esos espacios de encuentro —un lugar donde las palabras circulen, dialoguen y se transformen— es, finalmente, el propósito que compartimos.

A nuestras lectoras, entonces, este saludo y esta invitación a seguir pensando (y leyendo) juntas. Agrego, más abajo, los textos de Storni mencionados en el artículo.

Autora: Silvana M. Molina

Referencias bibliográficas

Bajtín, M. (1982). Estética de la creación verbal. Siglo XXI.

Bajtín, M. (1989). Teoría y estética de la novela. Taurus.

Ocampo, V. (2007). Testimonios. Sudamericana. (Obra original publicada entre 1935 y 1977).

Piglia, R. (2005). El último lector. Anagrama.

Storni, A. (2003). Poesía completa. Losada.